La nutrición va más allá del comer

Comer es esencial para la vida. Pero sin duda alguna, la nutrición va más allá del comer.

Además, la acción de comer es solo una parte. Luego está el proceso de la digestión, cuando realmente la comida te nutre, donde se descomponen los alimentos y los compuestos son absorbidos y asimilados por el organismo.

Pero incluso en los momentos de no comer, aún si pasan días sin hacerlo, tu cuerpo se sigue nutriendo en base a lo que tiene en las reservas y a los nutrientes que sigue fabricando a partir de otros.

Y aún así, más allá de la nutrición por alimentos, está la nutrición por elementos.

Tenemos al Sol, que es prácticamente un multi-vitaminas al nutrir nuestras células con energía eléctrica, cargándolas de electrones con los que pueden formar energía celular; revitalizando el agua del organismo y convirtiéndola en una batería que almacena energía radiante (solar) y que es utilizada en procesos corporales vitales como la circulación; actuando como antibacteriano y antiséptico; ayudando con la inflamación osteoarticular; suponiendo un estímulo para activar nuestra propia farmacia anti-depresiva; regulando nuestro importantísimo ritmo biológico y apoyando su correcto funcionamiento…

Lo que es más curioso aún es que a lo largo de las horas diurnas, las frecuencias de luz irradiadas por el Sol varían y ahora se sabe que cada una tiene diversos efectos en nuestro organismo (algunos son los nombrados arriba), los cuales otorgan tremendos beneficios si se hace en las dosis y momentos adecuados.

Hay incluso casos de practicantes del Surya Yoga, o Yoga del Sol, que estuvieron meses nutriéndose únicamente de la energía solar del amanecer y del atardecer mientras sus pies desnudos tocaban la tierra, lo que demuestra la dimensión espiritual que se le ha dado a este astro a lo largo de la historia.

Por otro lado, tenemos el agua que bebemos, que nos hidrata y permite el buen funcionamiento orgánico, pues sin una matriz acuosa no se podrían llevar a cabo las funciones necesarias para mantenernos vivos.

Hoy, entre otras cosas, estamos desconectados del agua que bebemos. Creemos que el agua es simplemente agua. Pero la verdad es que el agua de manantial, corriente, fresca, en contacto con la Tierra y deslumbrada por el Sol, no es el agua que llega hoy en día a nuestras casas. Es una estructura molecular completamente distinta y su efecto, por tanto, es diferente.

El agua dulce en su estado natural, ya sea agua superficial o subterránea, se trata de agua de lluvia filtrada por el terreno, lo que le acaba dando el apellido “mineral”. Esto quiere decir que es agua que contiene minerales, que son micronutrientes esenciales para los millares de procesos corporales.

Incluso el agua de mar se utilizó con resultados positivos hace siglos para tratar diferentes anomalías de salud. Y los buenos resultados se debían a la grandísima cantidad de minerales y compuestos iónicos que posee el agua de mar y que permitían entrar al organismo nuevamente en un equilibrio funcional (esta práctica actualmente está desaconsejado dado la masiva contaminación)

El agua “salvaje” supone, por lo tanto, hidratación y nutrición. Actualmente, bien podemos ir a las montañas a recoger agua o bien podemos “hackear” en alguna medida el agua de la ciudad (algo que no es momento de pararse a explicar).

Así que, con suerte nos daremos cuenta de que el agua es más que agua: es un elemento vivo y revitalizante en su estado natural y uno “descargado” cuando sale por el grifo.

Y sigamos con el otro elemento que nos queda: la Tierra, nuestro hermoso sustento, con sus rocas y vegetación.

Los elementos terrestres nutren los sentidos: a la vista con sus variopintos colores, al olfato con sus refrescantes aromas, al tacto con sus peculiares texturas, al oído con sus rústicos sonidos… Todo alimenta nuestra biología y la afecta: la actividad cerebral cambia, el stress se reduce, la inflamación celular disminuye… El cuerpo es entonces invitado a entrar en su estado de sanación, el sistema parasimpático, donde la recomposición tiene lugar.

Pero incluso más allá de los elementos, tenemos la nutrición por los pensamientos.

Ey, esto ya se sabe. Se llama efecto placebo o se llama ser hipocondríaco.

Y realmente da igual como se llame, probablemente lo hallas experimentado más de una vez: tu optimismo te vigoriza y tu pesimismo te hunde. Es simplemente el poder de la energía mental. La compres o no, está ahí, afectando tu estado vital.

Y mientras podría no ser tan fácil como se habla y escribe, adquirir una actitud menos seria, menos llena de preocupaciones e incluso aspiraciones y empezar a cultivar una actitud de apreciación y gracia por la vida, nos puede enseñar que lo especial ocurre siempre. Porque estamos vivos y estamos ahí para ver cómo los eventos ocurren y es algo tan extraordinario que realmente no hay cosas ordinarias. Lo ordinario es solo parte de una mente que vive encerrada en sus propios conceptos y percepciones limitadas por ella misma.

Pero olvída lo anterior y simplemente ¡disfruta de las cosas sencillas! Y recuérdate constantemente que puedes cambiar tu situación en cualquier momento y que eres una persona afortunada por tener la experencia que estás teniendo. Porque todo es tan único…

Al final del día, somos los dueños de nuestras vidas y, aunque parezca que no, ¡también lo podemos ser de nuestras mentes!

Por uuuultimo amig@s, tenemos un factor muy relevante como humanos: la relación social.

Todos hemos notado que estar con determinadas personas nos drena la energía y nos desgasta. Que de alguna forma, su compañía no nos permite expresarnos de la forma que queremos y que simplemente no cuaja la relación.

Por otro lado, se nota en el corazón cuando la relación con otras personas es de buen agrado. Cuando el contacto social promueve el desarrollo de ambas partes.

Teniendo en cuenta ambos casos, se puede hablar de relaciones nocivas y de relaciones nutritivas.

Y no se trata sobre culpar a otros cuando notamos que la relación no nos viene bien. No es sobre considerarles peores o inferiores. Es simplemente lo que hay y será mejor para ti y los demás dejar dichas relaciones de lado. Porque no te sirven ni a ti ni, por lo tanto, a tu expresión en la vida.

Una vez oí algo relacionado con el tema que me gustó y que añadiré en la categoría de “relaciones nutritivas”.

Hay 3 tipos de personas con los que conviene juntarse pues todas ellas enriquecen:

• Personas que están más atrás en el camino, de las que puedes ser mentor (en verdad tanto alumno como profesor se enseñan recíprocamente).

• Personas que están en tu mismo estadio del camino.

• Personas que están por delante de uno y que pueden servir de mentor.

Dicho esto, creo que hay que tener valor y coraje (aunque esté mezclado con confusión y miedo) para alejarse de los ambientes que no nos convienen y empezar a moverse por unos que enriquezcan a todos los involucrados.

A veces el contacto se organizará y otras surgirá por sí solo, pero siempre sé capaz de discernir cuando una relación es conveniente para todas las partes.

Así que, sea cual sea la vía de nutrición que estemos aplicando en el momento, seamos selectivos. Optemos por una buena nutrición.

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1 comentario en “La nutrición va más allá del comer

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